Domingo, 05 de marzo de 2006
La información circula cada vez más bajo los criterios del mercado, algo tan evidente como cierto. La información es cada vez más un objeto de consumo, de rápido consumo, que busca la visibilidad, la sonoridad, la accesibilidad, para intentar destacar en su cada vez más saturado mercado.
La información es también un bien estratégico, un producto político, influyente, que incide con bastante intensidad en la configuración de la realidad social, de nuestro mundo cotidiano en el que desayunamos cada día bostezando. Hay nuevos actores que están poco a poco (o mucho a mucho) ganando una porción cada vez más importante de esa cuota de mercado: principalmente los diarios gratuitos, que no ofrecen una información radicalmente nueva sino una presentación más ligera de una información en general más sencilla y visual, normalmente preocupada de temas más prácticos, cotidianos y de sociedad, más cercanos a la conversación media del público medio (o a esa construcción tan abstracta y tan real); y por supuesto y sobre todo Internet, con los blogs a la cabeza. Los weblogs, bitácoras o blogs, siempre los blogs. Esas sencillas paginillas web que están ofreciendo una voz cada vez más presente e importante a colectivos y a ciudadanos, y también a otros medios ya existentes y a otras voces que ya contaban con su espacio. Todo el mundo quiere escribir un blog.
De nuevo generalizando y abstrayendo, la blogosfera puede ser considerada como otro actor mediático, importante, con un peso cada vez mayor. La blogosfera observa y habla, es el ojo y la voz del internauta, de esa figura –de nuevo– abstracta, de ese ciudadano con un cierto nivel sociocultural y económico, activo, a quien le gusta saber y que quiere hablar y que por fin cuenta con un espacio cada vez más potente. La blogosfera en su conjunto representa a una importante parte del público, de la masa (aunque la masa ya no existe o no al menos como antes, obviamente), del consumidor y del consumidor de información. A una parte importante, porque aunque tal vez no sea mayoritaria, es una parte crucial, decisiva y decisoria, joven y de mediana edad, con potencia adquisitiva, con liderazgo de opinión, con capacidad de generar movimiento social. La blogosfera en su conjunto, evidentemente, funciona en forma de red. Siempre la red. Es una red hiperactiva y extensísima, extremadamente sensible a la realidad social y a la realidad mediática (que son prácticamente lo mismo), casi todo lo que la realidad produce, socialmente, mediáticamente, tiene su eco en la blogosfera, tiene sus reproducciones, sus enriquecimientos, sus empobrecimientos, sus repeticiones, aclaraciones, explicaciones, y sus insultos, descalificaciones, su defensa, su crítica. La blogosfera es una red que se activa ante el mínimo contacto y que produce y re-produce una considerable cantidad de información a partir de cualquier pequeña entrada de información. La blogosfera en su conjunto se alimenta de la información que generan los medios (cada vez menos tradicionales éstos, aunque algunos estén cambiando de un modo leeeento), la ingiere, la mastica, la deglute. La procesa y la re-crea, la re-produce, después de su paso por el esprit del público, de ese público que deja de ser público y se convierte en actor y convierte al actor tradicional, al medio de comunicación, al anterior productor exclusivo, en un nuevo y nervioso público, que observa atento a este público rebelde, que sigue con mucha atención a este nuevo e inquietante sujeto al que precisamente tiene que seguir vendiendo su producto, su información, pero al que ahora debe escuchar, leer, ¿preguntar?, estudiar con más detenimiento, porque aún es público, sí, pero también actor. Más complejidad para el mercado. Claro.
Pero la blogosfera no sólo re-acciona, también es un productor gratuito de información (aún no a la misma escala que los medios tradicionales, al menos no en cuanto a la producción cuantitativa de una información que acabe llamando la atención de un público más o menos grande), también presenta, crea, produce información de primera mano a partir de esa realidad social, tan gastada, tan nuestra. Y también están, con una gran importancia que sigue creciendo, los medios que, por ejemplo, se pueden llamar híbridos: páginas webs especializadas que cuentan con un gran público, weblogs de referencia con un gran seguimiento y que constituyen los nodos claves de la red de la blogosfera, versiones digitales de medios tradicionales, y otros. Éstos ocupan con una gran presencia el nuevo espacio mediático que va surgiendo y re-surgiendo y configurándose y re-configurándose día a día y marcando la pauta, delineando el camino, por el que transitan muchos bloggers más anónimos.
En realidad no digo nada nuevo.
La conclusión es que el mercado de la información, en la que ésta se vende y se compra y circula y se consume y va y viene y se re-produce y se re-crea y cambia y se mantiene y desaparece y… es cada vez más complejo. Los medios tradicionales, inquietos, tienen ojo y medio puesto en estos nuevos actores, sobre todo en esos medios que imprecisamente he llamado ‘híbridos’, quieren seguirles el paso, adelantarse cuando sea posible, tomarles el pulso, aprovecharse de ellos, ser su aliado, conseguir ser enlazados por ellos, convertirlos en interlocutores privilegiados, llegar a través de ellos a todo el conjunto de este nuevo público que se está revelando cada vez más activo, al menos en ciertos niveles.
Los grandes y tradicionales partidos políticos, tan indisociables de los grandes medios, se apuntan también a esta evolución socio–mediática. Saben que una importante cuota de voto (otro producto de consumo que simplemente se compra y se vende) se juega hoy en ese nuevo terreno comunicativo, saben que la blogosfera puede movilizar a una parte relevante del electorado, a ese electorado joven en gran parte pasivo y absentista ante las urnas, esas cajas de plástico que con su vacua y estúpida presencia cada varios años cifran ejemplarmente todo el significado de la democracia. Muchos de esos jóvenes son bloggers y/o leen blogs y navegan por internet y prestan mucha atención a esos nuevos medios más o menos híbridos.
Y como siempre, en medio de todo están las palabras, la materia prima por excelencia, palabras, palabras, palabras. Multiplicadas, repetidas, escritas, leídas, habladas, escuchadas, una y mil veces, hermosas, feas, elegantes, insultantes, vacías y plenas, llenando líneas, párrafos, páginas de papel y digitales, palabras y más palabras sin fin, pequeños relatos de información, eventos y acontecimientos codificados en palabras, pequeños discursos, piezas de un puzzle cambiante e indefinido, textos que se mezclan en un creciente hipertexto global, clic, mira aquí y allá, y dice éste y hace aquél. Palabras y siempre palabras. Y nada más. Y nada menos.
Hace poco apareció una página web francesa, Les mots de l’info, en la que una vez inscrito, cuentas con 10.000 dólares (¿por qué dólares?) para poder invertir en palabras y expresiones. En palabras cuyo valor depende de su presencia en 500 medios de comunicación online franceses. A una mayor y más reciente presencia, un mayor valor de la palabra, valía que se va perdiendo a medida que ésta deja de aparecer en esos medios de comunicación. Es algo tan simple y elegante como representativo de la realidad mediática y social. Hay palabras de gran y estable valor, ‘París’, ‘Francia’; palabras y expresiones de ciclos cortos pero intensos, como los nombres de los equipos de fútbol que precisamente ahora ganan un enorme valor que se desvanece rápido hasta el próximo partido; palabras y expresiones de ciclos largos y boyantes, como ahora ‘gripe aviar’. Nada más que palabras, pero palabras sobre las que andamos, subimos y bajamos, hablamos, pensamos y leemos, comprendemos, inventamos y re-creamos, en este pequeño mundo por el que cada día nos movemos. Cuanto más vale una palabra en esa página web, más valor tiene igualmente entonces en la momentánea y continua construcción y re-construcción de nuestra realidad.
Por Chemi | Medios | Comentarios (0) | Referencias (0)
De todo un poco menos de literatura (si es que algo así es posible)
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